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En medio de la pandemia, Surquillo cocina nuevos sabores junto a su gente en el barrio.

En medio de la pandemia, Surquillo cocina nuevos sabores junto a su gente en el barrio.

Una tradición en base al sabor. Gastronomía en cada esquina. Restaurantes, huariques y mercados unidos por la inclusión. Así pinta Surquillo, Barrio del sabor, una nueva apuesta del distrito de Surquillo en la ciudad de Lima, construida en tiempos de pandemia para promover una alimentación para todos y todas.

Las actividades de la marca apoyarán la reactivación económica de 14 mercados de abasto y 618 restaurantes formalmente registrados en el distrito de Surquillo. La iniciativa viene impulsando una serie de talleres y diálogos con vecinos, trabajadores de mercados y dueños de restaurantes de la zona. Este 29 de mayo arranca su primer ciclo de actividades con un festival público del mismo nombre que contempla conversatorios, talleres, tours gastronómicos y música en vivo.

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https://latinoamerica.rikolto.org/es/noticias/surquillo-barrio-del-sabor

Las Matemáticas del Hambre

Abilia responde el teléfono a golpe de mediodía el domingo 14 de febrero. Se escuchan voces de niños. “Estoy atendiendo a un vecino delicado”, comenta presurosa la mujer. El sol arde con fuerza ese día. Es solo cuestión de imaginar su intensidad en los cerros arenosos de Lima. Abilia está en la primera línea de fuego. El vecino se ha contagiado de COVID. Abilia Ramos Alcántara, 39, natural de Pasco, es técnico de enfermería y dirigente de la red de ollas comunes en San Juan de Lurigancho. “Si hay que cocinar piedras, las cocinamos. Si un grano de arroz debe estirar para tres, hay que hacerlo”, describe Abilia los difíciles tiempos.

En el otro extremo de la ciudad, Erico Tueroconza, coordinador de la red de ollas comunes de Manchay, en Pachacamac, define el panorama en su distrito con ejecutiva prontitud: “En la última semana, la desesperación es total”, dice. “Varias mamitas se han contagiado [de COVID]”. La ansiedad domina esas laderas, implacable como la canícula.

En Carabayllo, la coordinadora distrital es Fortunata Palomino. “En una ollita han muerto tres personas; en otra, una mamita y su niño de cinco años están graves”, describe. “Uno ya tiene miedo de salir”.

De acuerdo al Registro de la Mesa de Trabajo de Seguridad Alimentaria de Lima Metropolitana, el número de ollas escaló a 1644 en febrero –eran 1300 el mes anterior– y la cifra de personas alimentadas a 168 mil (de las 125 mil de enero). Ojo, al día. El hambre se propaga en la capital tanto como la incertidumbre.

En esta crítica situación, la ministra de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), Silvana Vargas, convocó a una segunda reunión de trabajo a la Red de Ollas Comunes de la capital, la Mesa de Seguridad Alimentaria de Lima Metropolitana, presidida por la regidora Jessica Huamán, y varios representantes de organizaciones sociales comprometidas con la causa, el miércoles 17.

La ministra Vargas condujo la reunión virtual con su (nuevo) equipo técnico. “Que la propia ministra coordine la reunión fue muy significativo”, indica el sociólogo Alain Santandreu, presidente ejecutivo del Consorcio por la Salud, Ambiente y Desarrollo-ECOSAD y versátil facilitador de la Mesa. “Revela su compromiso con el problema”. De la reunión quedó el compromiso de continuar coordinando enfoques y acciones.

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Hambre y clientelismo político

 

Un país solidario o un ejército de mendicantes

La lucha contra el hambre se encuentra en un punto de inflexión. Hace seis semanas se creó el programa temporal Hambre Cero; en cinco semanas son las elecciones presidenciales. Entre febrero y marzo, el número de ollas comunes ha escalado de 1600 a 2000, a razón de 100 nuevas ollas semanales, y la cifra de beneficiarios registrados en la Mesa de Seguridad Alimentaria de Lima Metropolitana ha aumentado de 170 mil a 200 mil, sin contar el Callao y el resto del país. El Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) es el ente rector de la política contra el hambre. No es el único –Agricultura, Salud, Vivienda, Defensa Civil son algunos de los otros también involucrados–, pero sí el principal. La ministra Silvana Vargas tiene ante sí una oportunidad tan grande como grande es la responsabilidad. Y poco tiempo.

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